| Más allá de la "Jornada" |
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Contemplar a Ferran Aguiló –escultor y miembro activo del denominado “Grup Rafel Valls” cocinando platos judíos puede contribuir a crear la ilusión de que hemos conjurado, al fin, la maldición que los intolerantes nos echaron, hasta el punto de conseguir borrar los auténticos nombres de nuestros antepasados. Todo el mundo se sentía muy satisfecho el domingo a última hora de la noche. Habíamos triunfado: lleno en la sinagoga (en la que casi nunca entramos los mallorquines) presencia de las autoridades (que se lo encontraron todo hecho y sólo tuvieron que posar para la foto de rigor) y animación en el mercadillo. En el fondo ¿qué más se puede pedir? Será que me estoy haciendo viejo pero celebraciones como la del pasado domingo –a la que no asistí, me había olvidado mencionarlo- ya no me conmueven ni me satisfacen. En su momento fueron un primer y muy importante paso, quien lo duda, pero si nos quedamos ahí no habremos dado respuesta adecuada al reto que nos habíamos planteado. Tal como he venido diciendo otras veces estamos pretendiendo hacer un “judaísmo sin judíos” y eso se me antoja la última y más destructora llama del incendio que arrasó nuestra memoria. ¿Vamos a seguir organizando seminarios que profundicen en la identidad de los chuetas? ¿Tenemos que depender del “placet” de los judíos ingleses, alemanes o marroquíes para sentir que estamos en casa cuando vamos a la sinagoga? ¿De qué se trata, en realidad, de montar un mercadillo para vender estrellas de David o Menorahs en miniatura o de que se reconozca que somos judíos como todos los demás? Los chuetas somos –lo ha escrito Pere Bonnín- “memoria con patas”, pero los estudiosos y los culturetas siguen empeñados en tratarnos como momias, en sacarnos a la luz pública una vez al año como si fuésemos “Copito de Nieve”, una rareza étnica y sociológica única en el mundo. No sabría decir exactamente cual es el camino que debemos tomar. Tengo por cierto, eso sí, que la fragmentación en grupúsculos, cada uno a lo suyo, no nos permitirá encontrarlo. Personalmente, me sitúo como un outsider. Quiero estar en fuera de juego, ser la permanente voz de la crítica y la reflexión. Porque, al menos de momento, estoy vivo y no soy una momia. |