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En la visita, ciertamente emotiva, estuvimos acompañados por unos compañeros circunstanciales, de esos que depara todo viaje: un comerciante catalán desplazado a Chéquia con su familia. Era un hombre simpático, de esos que llevan la bondad y el seny marcados en el rostro. Estábamos contemplando unas fotografías en las que aparecían antiguos rabinos cuando nuestro acompañante, dirigiéndose a su esposa le dijo: “mira: esos son los que le decían a Sharon cuando debe atacar o cuando debe buscar la paz”. Fue un comentario sin mala intención, obviamente, y por eso no se lo reproché. Mi compañero de viaje –al que seguramente no volveré a ver en mi vida- era una víctima involuntaria de lo que Norman Cohn denomina “El mito de la conspiración judía mundial”. Cohn falleció el 31 de julio de este año, precisamente en los días en que yo estaba leyendo uno de sus libros más reconocidos, el que desvela el proceso a través del cual se creó y divulgó el mito de la existencia de una conspiración mundial judía para dominar el mundo. Encontré una edición en la “Fira del Llibre Hebreu” que se celebró en Lleida durante la pasada primavera. Un volumen modesto, editado en Argentina, que se desencuadernó al pasar por varias manos, entre ellas las mías. El libro ha sido editado también en España, aunque lamento no poder dar el nombre de la editorial. Aconsejo vivamente la lectura de “El mito de la conspiración judía mundial” porque creo que nadie como Cohn había explicado antes con tanto detalle el camino que recorrió el burdo plagio de una obra de Maurice Joly hasta convertirse en el diabólico documento conocido en todo el mundo como “Los protocolos de los sabios de Sión”, origen del desgraciado mito en el que los ideólogos nazis creyeron encontrar la “justificación” para planificar el exterminio de los judíos, hasta el punto de casi llegar a conseguirlo. Joly era un escritor francés del siglo XIX que, entre otras obras, escribió “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. El libro era una crítica contra el emperador Napoleón III, llamado “El Aguilucho”. A partir de esta obra un periodista ruso llamado Sergey Alexandrovich Nilus, invirtió ideológicamente su argumento hasta trazar las líneas de una supuesta conjura urdida por los judíos para dominar el mundo y gobernarlo a través de un futuro Estado mundial regido por un soberano de la Casa de David. El propio Norman Cohn, al tiempo que detalla el largo camino de aquel funesto documento, trata de diagnosticar su increíble difusión y eficacia. “Ocurre a veces –dice- que este inframundo se convierte en un poder político y cambia el curso de la historia”. Publicado en ÚLTIMA HORA. 25/09/2007. |