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Una leyenda mira hacia atrás: entrevista a Kirk Douglas
Douglas reveló esto, y mucho más, cuando inauguró su casa de Beverly Hills, California, en una amplia charla como anticipo de sus recién reveladas memorias, "Enfrentémoslo: 90 Años de Vida, Amor, y Aprendizaje" (John Wiley & Sons). Vestido con un jersei de algodón verde claro, pantalones kaki y zapatillas de lona tostadas, the otrora Adonis de barbilla partida de la pantalla plateada charló con nosotros sobre la importancia de vivir una buena vida, cómo conservar un matrimonio y, sí, también de sexo. Pero Douglas reservó su ás ardientes sentimientos para un tópico que ha permanecido muy cerca de su corazón: el estadrenovado de su identidad judía. "Ahora," escribe en su libro, "me siento culpable de haber abandonado a Issur Danielovitch."
 
Por el deseo de Douglas de compartir sus relexiones de vida – tanto en persona, con un reportero, como en la página escrita - quedaba claro que es dolorosamente consciente de su próximo final. El libro, de hecho, parece al leerlo un canto de cisne consciente de sí mismo: una explosión final de pensamientos y opinions sobre todo, desde el reciente mamotreto de Jimmy Carter sobre el conflicto Israel-Palestina hasta la trágica muerte de su hijo Eric hace 3 años por sobredosis. Pero el libro también pone de manifiesto la vitalidad y el entusiasmo que siguen alimentando al hombre que ayudó a destruir la lista negra de  Hollywood cuando contrató a Dalton Trumbo para dirigir la película "Espartaco": Está plagada de numerosas salaces anécdotas de los días del mito de Douglas como joven conquistador de Hollywood – días en los que era conocido por la mayoría de mujeres de menos de 30 años como algo más que simplemente el padre de Michael Douglas.
 
De hecho, aunque ra fácil de olvidar, Douglas tuvo en una época una reputación que superaba a la de su hijo. Él escribe con lujo de detalles sus jóvenes hazañas sexuales, incluída la que tuvo con una azafata alemana que en los momentos de éxtasis gritaba “Soy  Nazi!" pidiéndole a la vez que la abofeteara. Preguntado si alguna vez se había acostado con mujeres judías, Douglas respondió, "Nunca discriminé". De hecho, añadió, en una frase que sin duda haría desmayar de placer a las judías del mundo, "Diría que mis “amigas judías fueron, en general, más apasionadas."
 
En un discurso ligeramente incorrecto – resultado de un golpe sufrido en 1996 - Douglas se puso poético en temas más serios, incluida su propia historia. El niño de padres inmigrantes Rusos, creció en un hogar de habla Yiddish en Amsterdam, New York, una pequeña ciudad del interior, donde soportó a diario  palabrotas de una banda callejera que le arrojaba guijarros envueltos en medias de mujer y lo llamaban  “Jdío bao” y cosas parecidas mientras iba a casa a la salida de la escuela hebrea. También fue un prometedor estudiante de Torá que tuvo que vencer los esfuerzos de su comunidad para enviarlo a la  yeshivá.
 
Douglas redescubrió el judaísmo por primera vez después de un accidente de helicóptero en 1991.  Volvió a conectar con sus raíces, y tuvo un Segundo “bar mitzvá” a los 83 años. Ahora toma clases semanales con el Rabino David Wolpe, un rabino conservador que ocupa el púlpito del Templo de Sinai en Las Ángeles. Douglas también ha emergido como filántropo judío comprometido, hacienda donaciones para construir patios escolares en  Israel – tanto en barrios judíos como árabes – y un teatro multimedia en la organización del Centro Judío Mundial Aish Atorá de Jerusalem, donde los visitantes pueden aprender la historia del  Muro de las Lamentaciones.
 
Dado que Douglas se casó con dos mujeres no judías, ninguno de sus cuatro hijos es técnicamente judío, tampoco se les enseñó ninguna de las costumbres y tradiciones. Aunque en su libro afirma que no le preocupa que sus hijos no sean judíos mientras se dediquen a hacer el bien en el mundo, en persona es más ingenuo.
 
Cuando le pregunté, sentado en su amplio salón delantero ante una pintura abstracta de Robert Rauschenberg que contiene la palabra "kosher" en letras gruesas, si está sinceramente arrepentido por no haber tenido descendencia judía, él reculó.  "ESo es coreecto sólo a medias," Douglas admitió. "A la entrada de mi casa se ve que tengo una  mezuza," dijo, señalando la puerta delantera. "En ella dice que hay que enseñar a los hijos. Yo nunca lo hice."
 
Pero si bien hus hijos Peter, Michael y Joel no practican su religión – a Eric le hicieron “bar mitzvá” durante la temporada que pasó en rehabilitación – son, dice, plenamente conscientes de que su padre es judío. Apoyada en una estantería de su biblioteca, por encima de la obra "QB VII” sobre el Holoausto, de León Uris, destaca prominentemente en la sala de estar interior una preciosa menorá con capullos de flores  color violeta y melocotón para sostener las velas – un regalo de Michael cuando cumplió los 90.  "He recibido tantas menorás, que me da risa", dice Douglas, refiriéndose a sus hijos. (Cuando cumplió 86, añadió, Michael hizo plantar 86 árboles en Israel a nombre de su padre.)
 
Pero es su esposa alemana de 53 años, Anne, quien tal vez le haya dado el mayor regalo judío de todos: Al celebrar su 5º aniversario de bodas y casarse por segunda vez, Anne anunció que se iba a convertir.
 
Es probable que el judaísmo haya saltado una generación en la línea de los Douglas: su nieta Kelsey, de 14 años, decidió sin previo aviso que haría “bat mitzvá”. Douglas dijo al principio que no estaba convencido de la seriedad de su decisión, creyendo que ella sólo quería una fiesta extravagante, pero resultó estar equivocado. Ella estudió con firmeza el trozo de Torá que le correspondía, y ahora es su hermano de 11 años, Tyler, quien está hablando de hacer “bar mitzvá”.
 
El último libro de Douglas – el noveno de una lista que incluye dos novelas – está dedicado a su siete nietos. Le preocupa, dice, que estén expuestos a heredar un mundo tremendamente complicado.
 
"Afrontémoslo, el mundo está hecho un caos," dijo. "Horace Mann, un gran educador, dijo una vez: 'Avergüénzate de morir sin haber hecho nada por la humanidad,' y a medida que me voy haciendo mayor, comprendo cuánta razón hay en ello."